🔥 Mi primera vez con un vibrador rabbit: la noche que casi despierto a todo mi edificio en Surco 🔥
Todo empezó con una pregunta que me hice en voz alta frente al espejo:
¿Y si el mejor amante del mundo… fuera yo misma?
El día en que me atreví a entrar
Llevaba meses leyendo reseñas a escondidas en el móvil, cerrando la pestaña cada vez que alguien se acercaba.
“Vibrador rabbit”, “doble estimulación”, “orgasmo combinado”… palabras que me ponían la piel de gallina y un calor inmediato entre las piernas.
Pero comprar online me daba vergüenza: miedo a que el paquete llegara con una etiqueta evidente o a que el repartidor me mirara raro.
Así que un sábado por la tarde, con el corazón latiéndome en la garganta, entré en una tienda física del centro.
El local olía a vainilla y a madera pulida. Luz tenue, música suave, estanterías llenas de colores y formas que nunca había visto tan de cerca.
Una dependienta preciosa, con tatuajes delicados y sonrisa cómplice, me preguntó:
—¿Buscas algo en concreto o quieres que te guíe?
Tragué saliva.
—Un… rabbit. Pero de los buenos. De los que… cumplen lo que prometen.
Me llevó a una vitrina y sacó tres modelos.
Cuando tomó el rosa cuarzo, con su silicona suave como terciopelo y sus orejitas perfectamente curvadas, sentí que mis mejillas ardían.
—Este es el favorito de casi todas las que vienen solas por primera vez —dijo en voz baja—. Diez modos, rotación silenciosa y batería que aguanta tres horas seguidas.
Lo sostuve en la mano. Era más pesado de lo que esperaba, cálido al tacto, elegante.
Lo imaginé dentro de mí y tuve que apretar los muslos ahí mismo, de pie.
—Lo llevo —susurré, como quien confiesa un pecado delicioso.
Pagué sin mirar a la cajera a los ojos, metí la caja negra en mi bolso grande y caminé hasta casa sintiendo que llevaba un secreto ardiente entre las piernas.
La espera que fue puro tormento dulce
Todo el resto del día fue una cuenta atrás.
En el supermercado, mientras elegía vino, ya pensaba en cómo sabría después.
En la ducha, mientras me depilaba despacio, imaginaba las orejitas rozándome.
Me puse crema de vainilla y almizcle por todo el cuerpo hasta que mi propia piel olía a postre prohibido.
Escogí el camisón de seda negra que se abre con un solo lazo en el pecho y preparé la habitación: cortinas cerradas, lámpara de sal encendida, música sensual con bajo profundo, copa de Malbec respirando en la mesita.
El primer contacto con mi nuevo amante
Me acosté desnuda en el centro de la cama king size.
Las sábanas frescas contra mi espalda caliente me hicieron suspirar antes de empezar.
Saqué el rabbit de su caja. Lo encendí un segundo: el zumbido fue tan suave que casi no se oía, pero la vibración en la palma de mi mano me puso la piel de gallina.
Añadí lubricante con aroma a vainilla: el líquido cálido y resbaladizo brilló bajo la luz ámbar.
Primero lo pasé por mis pezones por encima de la seda.
El tejido y la vibración hicieron que se endurecieran al instante.
Bajé despacio por mi vientre, sintiendo cómo mi respiración se volvía más pesada, más lenta, más hambrienta.
Cuando llegó al centro, aún por encima del camisón, presioné apenas.
Un “oh” profundo se me escapó sin permiso.
El instante en que el conejo encontró su lugar
Desaté el lazo del camisón. La seda cayó a ambos lados como cortinas de teatro.
Apoyé la punta en mi entrada y encendí la rotación interna.
El movimiento lento, constante, circular me arrancó un gemido largo y tembloroso.
Deslicé centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, cómo me llenaba exactamente donde lo necesitaba.
Y entonces encendí las orejitas.
El primer contacto del conejito en mi clítoris fue un rayo.
Un placer eléctrico, inmediato, que me hizo arquear la espalda y cerrar los ojos con fuerza.
Empecé en modo suave, pero mi cuerpo ya pedía más.
Subí la intensidad poco a poco, sintiendo cómo las vibraciones viajaban por cada nervio, cómo la rotación interna presionaba justo en ese punto mágico que casi nadie encuentra.
La escalada que me llevó al borde del mundo
Mi mano libre subió a mi pecho, pellizqué un pezón al ritmo de las vibraciones.
La otra sostenía el rabbit, moviéndolo apenas, dejando que él hiciera todo el trabajo.
El placer crecía en espiral, cada vez más alto, más intenso, más inevitable.
Mis caderas empezaron a moverse solas, buscando más presión, más profundidad.
El sonido húmedo de mi placer se mezclaba con el zumbido suave del juguete y con mis propios jadeos.
Probé el modo pulsación: corto-largo, corto-largo…
Fue como si alguien hubiera encendido un volcán dentro de mí.
Subí al modo más potente.
Las orejitas vibraban directamente sobre mi clítoris hinchado mientras la parte interna rotaba y empujaba sin piedad.
El orgasmo que me rompió en mil pedazos de luz
Llegó de golpe y sin aviso.
Un calor líquido que subió desde los dedos de los pies hasta la coronilla.
Mis muslos temblaron, mi vientre se contrajo, apreté el rabbit con fuerza dentro de mí y dejé que el placer me atravesara entero.
Grité.
Grité sin vergüenza, sin testigos, solo yo y mi cuerpo celebración más pura.
Las contracciones fueron tan intensas que sentí que iba a desmayarme de placer.
Duró, duró, duró… hasta que las lágrimas rodaron por mis sienes y mi voz se quebró en un sollozo feliz.
Después… la calma y una sonrisa eterna
Apagué el rabbit con dedos temblorosos.
Me quedé allí, desnuda, empapada en sudor, con el pecho agitado y una sonrisa que no cabía en la cara.
Tomé la copa de Malbec y bebí un sorbo largo: sabía a victoria absoluta.
Me acaricié el vientre, los pechos, los muslos, agradeciéndole a mi cuerpo por ser tan perfecto, tan sensible, tan mío.
Me dormí con las sábanas pegadas a la piel y el rabbit en la mesita de noche, ya cargándose para la próxima cita.
Y supe que esa noche había descubierto dos cosas:
El orgasmo más intenso de mi vida no necesitó a nadie más.
Y que el pequeño conejo rosa acababa de convertirse en mi amante favorito para siempre. ✨
Consejos útiles para quien está pensando en dar el paso
- Si te da vergüenza comprar online, ve a una tienda física: la experiencia de tenerlo en la mano antes de pagar es inolvidable.
- Elige un vibrador rabbit rabbit de silicona médica premium y con al menos 10 modos: la inversión vale cada euro.
- Prepárate la escena como si fuera una cita: luz cálida, lubricante aromático, vino… tu cuerpo lo agradecerá.
- No tengas prisa: deja que el placer suba despacio; cuando explotes, será histórico.
- Después, acaríciate y celebra: nadie te conoce ni te complace mejor que tú misma.

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