✍️ La aventura en la bodega de Don Chicho

El calor del verano limeño golpeaba las calles con fuerza. Carla caminaba despacio, casi arrastrando sus sandalias, buscando pretexto para salir de casa, más por la incomodidad de sus pensamientos que por el clima.
Llevaba días con Sebastián rondándole la cabeza. No eran novios, ni siquiera amigos cercanos. Habían coincidido un par de veces en las reuniones del barrio, pero había algo en su forma de mirarla que le removía todo. Un magnetismo difícil de explicar.

Ese día, él se ofreció a acompañarla a la bodega. “Es solo un rato”, pensó ella… pero en el fondo sabía que deseaba alargar ese rato.

🌡️ El ambiente perfecto… para algo inesperado

La bodega de Don Chicho era pequeña y oscura, como si el tiempo no hubiera pasado por allí. Cajas apiladas, latas brillando bajo la luz mortecina del único foco y ese aroma característico a mezcla de detergente y caramelos.
Don Chicho, hombre amable pero distraído, los saludó desde su asiento detrás del mostrador, absorto en una novela radial que sonaba bajito en un viejo parlante.
Carla recorrió los estantes buscando una gaseosa fría. Sus manos temblaban ligeramente, consciente de la presencia de Sebastián detrás de ella, que caminaba más cerca de lo necesario. A cada paso, podía sentir su mirada, y esa sensación la aceleraba.

💫 La tensión crece…

—¿Estás bien? —preguntó Sebastián en voz baja, inclinándose apenas hacia ella.
Carla asintió, sin mirarlo directamente. Su respiración se entrecortaba y no era precisamente por el calor. Fingió leer las etiquetas de unos paquetes de galletas mientras notaba que él se acercaba un poco más… y sus dedos rozaron accidentalmente los suyos en el estante.

Ese roce mínimo fue casi eléctrico. Ella lo retiró rápido, pero una sonrisa tímida le escapó de los labios. Sebastián lo notó.

—Sabes que podemos salir si te incomoda… —dijo él con tono suave, casi protector.

—No… está bien —respondió Carla, sorprendiéndose a sí misma.

Y de pronto, el murmullo de la radio y los pasos arrastrados de Don Chicho parecieron desvanecerse.

🔥 Un momento suspendido

En un rincón semioculto de la bodega, detrás de una pila de sacos de arroz, Sebastián encontró el espacio perfecto para acercarse aún más, sin que nadie pudiera verlos desde el mostrador.

Carla se dejó llevar, aunque su timidez natural le hacía evitar mirarlo de frente. Bajó la mirada, jugando con el borde de su short, mientras él le rozaba el cabello suavemente, apartándolo para besarle la nuca.

Su corazón latía rápido… la adrenalina de estar en un lugar tan expuesto, el calor sofocante, el aroma a producto empaquetado y ese deseo creciente que nunca se atrevió a expresar en voz alta.

El primer beso fue lento y torpe, cargado de nervios pero intenso.
El segundo, más seguro… ya no había vuelta atrás.

⏳ El drama silencioso

Carla escuchó los pasos pesados de Don Chicho moviéndose por la bodega, ordenando botellas, tarareando con la radio.
El peligro era real: en cualquier momento podría asomarse por ese pasillo angosto.

Ese pensamiento, lejos de detenerla, encendió algo más profundo. Las manos de Sebastián se posaron en su cintura y se deslizaron apenas bajo la tela de su camiseta, mientras ella respiraba rápido y cerraba los ojos, dejando que su timidez se mezclara con la emoción.

Estaban viviendo ese instante suspendido entre lo prohibido y lo deseado.

—No deberíamos… —susurró Carla.

Pero su tono no era de rechazo, sino de confesión.
Él la abrazó desde atrás, apretándola suavemente contra su cuerpo, y dejó que fuera ella quien decidiera el siguiente movimiento.

Con manos temblorosas, Carla giró para mirarlo, y esta vez lo besó ella… decidida, aunque el rubor de sus mejillas la delatara.

😏 Un escape a tiempo

Un ruido más fuerte los alertó: Don Chicho arrastraba una caja hacia el pasillo donde estaban. Sin pensarlo, Carla se apartó y tomó una gaseosa del estante.

Cuando Don Chicho apareció, ella le sonrió tímidamente y caminó al mostrador. Sebastián la siguió, respirando profundo como quien acaba de escapar de una travesura peligrosa.

Pagaron sus compras, se despidieron con naturalidad, y al salir, Carla soltó una pequeña carcajada nerviosa.

Sebastián la miró con ternura y complicidad.

—Creo que nos debemos algo… —dijo él.

Ella no respondió, pero su mirada lo dijo todo: lo que empezó en la bodega terminaría esa misma noche, cuando ya no hubiera riesgo… solo deseo. Parte 2 Final...

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A veces, lo cotidiano es el escenario perfecto para lo inesperado.
La bodega de Don Chicho solo fue el pretexto: el verdadero fuego estaba en ellos.

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Un comentario sobre “✍️ La aventura en la bodega de Don Chicho

  1. Juanjo dice:

    Dónde está la parte 2?

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